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La ira… Cambiar para superarse.

La ira

Para liberamos de la ira hemos de practicar, seamos cristianos, musulmanes, budistas, hindúes o judos. No podemos pedir al Buda, Jesús, Dios o Mahoma que quite la ira de nuestro corazón en nuestro lugar, sino que hay unas instrucciones concretas acerca de como transformar el deseo vehemente, la ira y la confusión de nuestro interior. Si seguimos estas instrucciones y aprendemos a cuidar de nuestro sufrimiento, podremos ayudar a los demás a hacer lo mismo.

Cambiar para superarse

Supón que hay una familia en la que el padre y el hijo están enojados el uno con el otro. No son capaces de comunicarse. El padre sufre mucho y el hijo también. No quieren quedar atrapados en la ira que sienten, pero tampoco saben como superarla. Una buena enseñanza es aquella que puedes aplicar directamente a tu vida, para transformar tu sufrimiento. Cuando estás enojado sufres porque te estás abrasando en las llamas del infierno. Cuando sientes una gran desesperanza o envidia, estás en el infierno. Debes ir a ver a un amigo que practique y preguntarle qué puedes hacer para transformar la ira y la desesperanza que hay en ti.

Escuchar compasivamente alivia el sufrimiento

Compasion 3 pag

Cuando una persona habla llena de ira, es porque está sufriendo mucho. Y al estar sufriendo tanto, se llena de amargura. Siempre está dispuesta a quejarse y a culpar a los demás de sus problemas. Por eso te resulta tan desagradable escucharla e intentas evitarla. Para comprender y transformar la ira, debemos aprender la práctica de escuchar compasivamente y de hablar con afecto. Hay un Bodhisatva – un Gran Ser o un Despierto que es capaz de escuchar profundamente y con una gran compasión. Se llama Kwan Yin o Avalokitásvara, el Bodhisatva de la Gran Compasión. Todos debemos aprender a escuchar atentamente como hace este Bodhisatva. As podremos orientar de forma muy concreta a los que acuden a nosotros para pedirnos ayuda para restablecer la comunicación perdida. Si escuchas con compasión a una de esas personas, quizá alivies un poco el sufrimiento que siente; sin embargo, aunque lo hagas con la mejor intención del mundo, no podrás escucharla profundamente hasta que no hayas practicado el arte de escuchar compasivamente. Si eres capaz de sentarte en silencio y escuchar con compasión a esa persona durante una hora, podrás aliviarla de mucho sufrimiento. Escúchala con un único objetivo: para que pueda desahogarse y sufra menos. Durante todo el tiempo que la escuches, mantén viva tu compasión.

Mientras lo hagas, has de estar muy concentrado. Debes centrarte en la práctica de escuchar con toda tu atención y todo tu ser: con ojos, oídos, cuerpo y mente. Porque si solo finges estar escuchando sin poner el cien por cien de ti mismo, esa persona lo sabrá y no podrás aliviar su sufrimiento. Si sabes como practicar el respirar conscientemente y puedes mantenerte centrado en el deseo de calmar su sufrimiento, podrás conservar tu compasión mientras la escucha. El escuchar compasivamente es una práctica muy profunda. No escuchas para juzgar o culpar, sino simplemente porque deseas que esa persona sufra menos, sea tu padre, tu hijo o hija o tu pareja. Aprender a escucharla la ayudará de veras a transformar su ira y su sufrimiento.

La practica de la felicidad

En mi opinión, ser feliz es sufrir menos. Si no fuéramos capaces de transformar el dolor que hay dentro de nosotros, no podremos ser felices. Muchas personas buscan la felicidad en el exterior, pero la verdadera felicidad ha de surgir del propio interior. Nuestra cultura nos dice que la felicidad se obtiene poseyendo grandes cantidades de dinero, mucho poder y una elevada posición social; pero si observas atentamente, veras que muchas personas ricas y famosas no son felices. Muchas de ellas se suicidan. El Buda y los monjes y monjas de su tiempo tan sólo posean tres hábitos y un cuenco, pero eran felices porque tenían algo sumamente precioso: la libertad. Según las enseñanzas del Buda, la condición básica para ser feliz es la libertad. No me refiero a la libertad política, sino a estar libre de formaciones mentales como la ira, la desesperanza, la envidia y la ignorancia. Estas formaciones mentales fueron descritas por el Buda como ponzoñas. Mientras estos venenos están presentes en nuestro corazón, no podremos ser felices. Thich Nhat Hanh