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¿QUÉ HAY EN EL ESPACIO INTERMEDIO?

Al inicio de la película Contacto, el personaje principal, la doctora Arroway (protagonizada por Jodie Foster), le formula a su padre la pregunta que se convierte en la consigna para el resto de la película: ¿Estamos solos en el universo? La respuesta de su padre se convierte en el punto de partida o de referencia para las cosas que son verdaderas en la vida de ella.
Cuando se encuentra en una situación particularmente vulnerable, como cuando se abre a una relación amorosa o cuando confía en su experiencia en el universo distante a donde es transportada, las palabras de su padre se convierten en el principio que la guía en sus creencias: la respuesta de su padre fue simplemente que si estuviéramos solos en el universo, sería un enorme desperdicio de espacio. De forma muy similar, si creemos que el espacio entre dos cosas está vacío, entonces también parece un enorme desperdicio. Los científicos creen que más del 90 por ciento del cosmos está “desaparecido” y se presenta ante nosotros como un espacio vacío. Esto significa que del inmenso universo que conocemos, solamente el 10 por ciento tiene algo en él. ¿Cree usted realmente que lo único que existe es ese 10 por ciento de creación que ocupamos? ¿Qué hay en el espacio que concebimos como “vacío”? Si de verdad estuviera desocupado, entonces habría una gran pregunta que debe ser contestada: ¿cómo pueden viajar de un lugar a otro las ondas de energía que transmiten desde nuestras llamadas por celular, hasta la luz que se refleja para llevarle las palabras de esta página a sus ojos? Al igual que el agua lleva de un lado a otro las ondas que se forman cuando se arroja una piedra a un estanque, algo debe existir que transmita las vibraciones de la vida de un punto al otro. Para que esto sea cierto, no obstante, debemos alterar uno de los dogmas claves de la ciencia moderna: la creencia en que el espacio está vacío. Cuando podamos finalmente resolver el misterio de qué está compuesto el espacio, habremos dado un gran paso hacia la comprensión de nosotros mismos y de nuestra relación con el mundo que nos rodea. Esta pregunta, como veremos, es tan antigua como el ser humano. Y la respuesta, descubriremos, ha estado siempre con nosotros. La sensación de que estamos conectados de alguna manera con el universo, con nuestro mundo y mutuamente, ha sido una constante, desde la historia de los aborígenes grabada en aguafuerte en los muros de los acantilados de Australia (en la actualidad, se cree que tienen más de 20,000 años de antigüedad) hasta los templos del antiguo Egipto y el arte sobre las rocas del sudoeste de los Estados Unidos. Aunque esa creencia parece ser hoy más fuerte que nunca, precisamente lo que nos une sigue siendo tema de controversia y de debate. Para que estemos conectados, debe haber algo que haga la conexión. Desde los poetas, los filósofos y los científicos y aquellos que buscan respuestas más allá de las ideas aceptadas en su época, la humanidad ha mantenido la sensación de que en verdad hay algo en el interior de ese vacío que llamamos “espacio”. El físico Konrad Finagle (1858 – 1936) formuló la pregunta obvia con relación al significado del espacio mismo: “Considere lo que ocurriría si quitáramos el espacio entre la materia. Todo en el universo se arrumaría en un volumen no más grande que una mota de polvo… El espacio es lo que impide que todas las cosas ocurran en el mismo lugar.” El antropólogo de vanguardia Louis Leakey declaró en una ocasión: “Si no comprendemos quiénes somos, verdaderamente que no podemos avanzar.” Creo que hay mucha verdad en esta afirmación. La forma en que nos hemos visto en el pasado funcionó lo suficientemente bien como para traernos hasta donde estamos. Ahora es el momento de abrir la puerta a una nueva visión de nosotros mismos, una que permita una posibilidad aún más grande.
Puede ser que nuestra resistencia a aceptar lo que significa que el espacio esté ocupado por una fuerza inteligente, y para nosotros ser parte de ese espacio, haya sido el obstáculo más grande en nuestra comprensión de quiénes somos y cómo funciona realmente el universo. En el siglo XX, la ciencia moderna puede haber descubierto lo que hay en el espacio vacío: un campo de energía distinto a todas las formas de energía. Tal como sugieren la red de Indra y el éter de Newton, esta energía parece estar siempre y en todas partes, y haber existido desde el comienzo de los tiempos. En una conferen- cia en 1928, Albert Einstein dijo: “De acuerdo con la teoría general de la relatividad, el espacio sin éter es impensable, pues en tal espacio no solamente no habría propagación de la luz, sino que tampoco existiría la posibilidad de la existencia de los estándares del espacio.” Max Planck afirmó que la existencia del campo sugiere que la inteligencia es responsable de nuestro mundo físico. “Debemos asumir tras esta fuerza [que vemos como material] la existencia de una Mente consciente e inteligente.” Concluyó: “Esta mente es la Matriz de toda la materia.

La Matriz Divina – Gregg Braden